¡Hola y bienvenido a la guarida del clan Lobeznos Desgarradores!

Si eres del clan pasa por la taberna del chupoptero sin alas a tomarte unos filetes de vampi asados.

Si eres nuevo bienvenido al clan y esperamos que te integres pronto en nuestra familia.

Si eres un licántropo o un vampiro de otro clan o solitario bienvenido a nuestras embajadas y esperamos que lo pases muy bien en nuestra compañía, visita nuestra guarida siempre que lo desees.


Cuando los Lobeznos Desgarradores aúllan... los vampiros tiemblan... y poco después mueren...
 
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 La forja de un guerrero

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Garras
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MensajeTema: La forja de un guerrero   Dom Oct 04, 2009 11:59 pm

Bueno esta es una historia que me a venido a la cabeza derrepente xDD aclaro que no tiene nada de real escepto que al personaje le e puesto mi nombre y mi nick xDD

El comienzo. Parte 1

En un tiempo muy, muy lejano, cuando aún no existian ni las armas de fuego ni los vehículos motorizados, un guerrero se forjo en los albores del tiempo. Esta es su historia.
-¡Victor, entra a cenar! -gritó con fuerza aunque con dulzura una voz.
El muchacho dejo lo que estaba haciendo, lanzar piedras al río para girar la cabeza y fijarse en su madre que salía de la casa y se frotaba las manos en el delantal. Entusiasmado por el apetitoso olor que salía de la cocina de la casa se levantó de un salto y corrió hacia la puerta de la casa. Por poco estuvo de tropezar con una roca pero dio un salto. Volvió a dar otro salto para no tropezar con un tronco.
-Tu hermano a cazado un ciervo, ven a ayudarnos a prepararlo -dijo una voz masculina con fuerza en cuanto entró. Al darse la vuelta se dio cuenta de que era su padre.
-Claro padre -dijo el muchacho caminando hacia la cocina.
Iba a dar un paso para cruzar el umbral que dividía la cocina del salón entrada cuando se escucho un golpe sordo. Alguien había abierto la puerta con una fuerza increíble.
Al darse la vuelta se dio cuenta de que era un hombre de mediana edad. Una capucha de una capa negra como la noche le cubría el cuerpo impidiendo que se le reconociese. El hombre misterioso se mantenía firme observando al casi anciano padre del muchacho. El halo de misterio le confería una sensación de terror o al menos eso le inspiraba al muchacho aquel hombre.
Se desabrocho la capa con cuidado dejando ver una ropa cara y cuidada que no era habitual entre los habitantes de aquella aldea.
-Mortokus... -dijo el anciano con voz temblorosa y palideció al momento.
Unas pocas canas surcaban el cabello de aquel hombre de mediana edad. Sus ojos rojos como el fuego parecían que le habían puesto un candente hierro en aquella parte del rostro mientras que su piel blanca como la cera de una vela que parecía un rostro inhumano de lo pálido que estaba. Unos largos colmillos le sobresalían de la boca, como si fuesen de un tigre aquellos dientes.
-Viejo, dime dónde se esconde El Liberador, o tu casa arderá contigo y tu familia dentro -dijo con voz hosca aquel hombre si se le podía llamar de tal modo. Aquella voz hosca que también parecía inhumana daba malas vibraciones al ambiente.
-Yo... no lo sé... -dijo el anciano dejando caer el cuchillo sobre la mesa que momentos había tenido en la mano para cortar en trozos una barra de pan.
El anciano se levanto con una agilidad sorprendente en un hombre de su edad y retrocedió unos pasos hacia atrás temeroso. Se fijo en la ventana que tenia atrás por donde se veía una antorcha sujetada por una mano enguantada. Se vislumbraron unos ojos a través de los cristales, aunque unos ojos no tan inhumanos como los del tal Mortokus.
-Veamos... -dijo el tal Mortokus con lentitud saboreando cada palabra mientras caminaba de un lado a otro de la estancia-. Los rumores dicen qué tú lo has llegado incluso a ocultar. Qué sabes donde se encuentra. No te volveré a repetir mi pregunta.
-Escucha... vete de mi casa... yo no sé nada... por favor... -dijo atemorizado el hombre.
Mortokus se llevo una mano enguantada a la barbilla, pensativo. Por unos momentos pareció que se iba a dar la vuelta y salir de la casa pero con una velocidad que parecía inhumana pareció resbalar por el suelo y puso su mano en el cuello del hombre golpeándole la cabeza contra la pared.
-No juegues conmigo viejo. Por tu vida y la de los tuyos -dijo Mortokus a escasos centímetros de su rostro.
-¡Basta! -gritó el muchacho acercándose hasta donde estaban, rompiendo así el aislamiento en el que parecían estar solos aquellos dos hombres. Su madre salió corriendo tras él con los brazos extendidos intentando detenerle, pero era en vano.
-¡Glaskin! -gritó Mortokus en tono sombrío y se escucho un gran estruendo y la estancia se lleno de polvo.
La parte de la pared que rodeaba la puerta de la casa se había derrumbado y había entrado un monstruo, algo que el muchacho jamás había visto, algo a lo que ni siquiera había visto nada parecido. Le sobresalían unas alas gigantescas de murciélago por los costados y grandes colmillos como los de un tigre le sobresalían de la boca. Grandes ojos del tamaño de pelotas de golf de color rojo como la sangre se diferenciaban del resto del rostro que era de color marrón clarito, su piel arrugada y sin pelos producía un gran asco a todos los presentes excepto a Mortokus.
Aquel ser, a grandes zancadas, llego hasta donde estaba el muchacho y lo lanzo con una fuerza sobrenatural por la ventana produciéndole cortes por todo el cuerpo al romperse el cristal en su cuerpo.
Los gritos se sucedieron en el interior de la casa, y la vista del muchacho se nublo. El horror se hizo con el lugar y la sangre le salpico proveniente del interior de la casa. Las llamas se alzaron y todo se volvió borroso. La muerte se apodero del lugar.
Cuando recupero el conocimiento notó como una manta de piel de oso le cubría el cuerpo y como en lo alto había unas estalactitas. Estuvo unos momentos con la vista perdida hasta que recordó todo lo que había pasado. Se puso alerta y busco alrrededor algo que le pudiese servir de arma.
-Tranquilo, soy amigo -dijo una simpática voz entre la oscuridad-. Bueno, al menos era amigo de tu padre, y espero serlo tuyo también.
Asimilo sus palabras poco a poco hasta que se dio cuenta de la situación. Ahora que veía a aquel hombre no le parecía mala persona, pero no podía fiarse. Su ropa cuidada aunque no debía ser muy cara, más bien normal aunque tampoco como la que usaban en su aldea, tenia algunos agujeros y rasguños.
-¿Qué ha pasado? -preguntó frotándose el rostro y los ojos.
-Un viejo enemigo mío a matado a tu familia, y por poco te mata a ti de no ser que te salve -dijo el hombre pausadamente.
-¿Quién eres? -pregunto el muchacho intentando asimilar las palabras y conteniendo unas lagrimas de dolor.
-Me llaman El Liberador, digamos que no soy como el resto de humanos. Pertenezco a una subespecie, digamos parecida a la que as visto en tu casa. A ellos se les llama vampiros y a nosotros licántropos -dijo el hombre acercándose unos pasos-. Entre ambas subrazas se esta librando una guerra que dura ya muchos años.
-Lo que vi en mi casa, y lo que a matado a mi familia, eran vampiros, ¿no? -pregunto el muchacho apretando los dientes.
-En efecto hijo -dijo el hombre con tono serio.
-Son los malos, ¿verdad? -dijo el muchacho ásperamente apretando los dientes.
-Digamos que son especiales, usan métodos poco comunes que ni siquiera un humano usaría, sobretodo ese al que conociste en tu casa. Pero digamos que es una guerra por la supervivencia, que dudo que jamás termine -dijo con pesadumbre el hombre.
-¿Por qué fueron a mi casa...
-Escucha esto -dijo el hombre interrumpiéndolo. La sabiduría que emanaba dejaba confuso al muchacho-. Tu padre era un licántropo, y aunque los licántropos no envejecemos tu padre contrajo una rara enfermedad, aun más raro debido a que nosotros no contraemos enfermedades.
-Entonces... yo...
-No, tú no llevas en tu sangre esto. Pero si quieres puedes llevarlo -dijo el hombre haciendo una pausa-, y vengarte.
Durante unos momentos se quedo pensativo, sin saber como reaccionar o que hacer. En lo más profundo de su ser deseaba con todas sus fuerzas vengarse, pero tampoco deseaba inmiscuirse en una guerra.
-Si aceptase, ¿podría matar al tal Mortokus?
Ambos cruzaron miradas significativas, sin duda estaba pensativo, dudando de si podría matar a aquel ser horrible sin remordimientos. Se acerco aun más a él hasta sentarse a su lado y apretarle el hombro.
-Muchos lo han intentado, pero eso es muy difícil. Ese ser es muy peligroso. Muchos han perecido o han salido muy mal parados en el intento -dijo el hombre pausadamente.
Se quedo unos momentos pensativo, hasta que cerro los ojos y durante unos momentos medito sobre la situación. Ya no le quedaba nada, solo su sed de venganza.
-Acepto -dijo con lentitud el joven.
-Descúbrete el cuello -dijo con tono serio el hombre.
Después de pensárselo detenidamente durante unos segundos, lo hizo. Dejo al descubierto su cuello y el hombre se acerco con lentitud clavándole los colmillos con cuidado. Notó el pinchazo al introducirse los finos dientes en su carne y como un hilito de sangre caía.
Notó algo raro, algo que no debería de sentir en un mordisco normal. Como si se hubiese liberado su alma como si flotase. Y en verdad se había liberado... se había convertido en algo superior a un humano...
-Desde ahora... te llamaras Garras... empieza una nueva vida para ti...
Garras se dejo caer en el suelo mientras en su interior crecía un poder, un poder indescriptible. Trago saliva y notó como crecía cada vez más en su interior.

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Última edición por Garras el Sáb Jul 16, 2011 2:36 am, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: La forja de un guerrero   Lun Mayo 31, 2010 9:31 am

Bueno aqui dejo la parte 2, siento postear seguido pero creo que no entra xD

La preparación, Parte 2

Nada mas recuperarse de las convulsiones que sintió en su interior después del mordisco el Liberador comenzó a formarle para que no dentro de mucho se enfrentase a su mortal enemigo, el mortal enemigo de ambos. En las más duras condiciones, y en las más duras pruebas, endureciéndose, pasando muchas noches en mitad del bosque, Garras se preparo. Hasta que una semana después de que se iniciase todo aquello, y siempre en silencio total por parte de el Liberador ablando lo justo para darle indicaciones de cómo debía hacer las cosas, alrededor de una hoguera aquel hombre se planto frente a él y lo miro a los ojos agarrandole los brazos que habían comenzado a adquirir unos poderosos músculos.
-Llegado es el momento de que te liberes -dijo con lentitud el Liberador.
-¿A qué te refieres?
-A que dejes salir ese poder indescriptible. A que aprendas a controlarlo. Libéralo -dijo el hombre apretando con más fuerza los brazos de Garras, y al ver su expresión de incredulidad añadió-: es como... si respirases, pero con tu alma. Respira y suspira con tu alma.
Garras lo intentó, y falló. Lo volvió a intentar pero era inútil. El Liberador aumentó la presión en sus brazos y estuvo a punto de soltar un gemido, cuando lo sintió por primera vez en su corta vida. Gritó con fuerza, no de dolor, si no de desesperación. Y le empezaron a salir unas garras, unos dientes y pelo por todo el cuerpo. Sus orejas se agrandaron y se pusieron en punta, y lo único que escucho en esos momentos fue un pitido, hasta que después descubrió que tenia un fino oído y escuchaba incluso los animales que había fuera de la cueva en el bosque.
Su cabeza tomo la apariencia parecida a la cabeza de un lobo y sus ojos parecieron ver mejor de lo que había visto antes. Cayó a cuatro patas exhausto y respirando hondo alzo la vista hacia su maestro, viéndolo más nítido de lo normal. El cual parecía mirarlo con orgullo indescriptible.
De improviso se acerco a él y lo empujo hacia la pared lanzándolo a varios metros contra la pared, varias rocas cayeron de lo alto. Garras se levanto y corrió hacia su maestro dispuesto a atacarle, furioso. Pero cuando llego a él dio un salto y fue a chocar contra la pared del otro lado de lo rápido que iba. Exhausto volvió a su forma humana.
-Debes aprender a controlar tus sentimientos, y a saber cuando contraatacar -dijo con misticismo el hombre, mientras se acercaba a Garras y le lanzaba una una bolsa llena de ropa-. También debes aprender a controlar tu piel para que no destroce la ropa.
-¿Cómo hiciste eso de lanzarme por los aires y adquirir esa velocidad al saltar? -pregunto atónito Garras mientras se vestia.
-También lo aprenderás tú, tranquilo.
Y en efecto, poco a poco y con un entrenamiento intensivo aprendió todo aquello. Aún no había superado a su maestro pero casi un mes después ya estaba preparado para comenzar una nueva fase en su entrenamiento.
-¿Por qué te llaman el Liberador? -preguntó Garras el día que le dijo que su entrenamiento había terminado, con notable curiosidad.
El hombre lo miro ceñudo ante la pregunta inesperada para después relajarse. Se sentó junto al fuego y le hizo un ademán para que se sentase frente a él.
-Porque yo formaba a los nuevos licántropos en una academia, hace mucho tiempo. Antes de que desapareciese y desde entonces me han puesto ese apodo. En la clandestinidad me he encargado de entrenar a nuevos -dijo el hombre removiendo las maderas de la hoguera con un palo.
-¿Qué paso con la academia? -preguntó con curiosidad Garras.
-La arrasaron los vampiros una noche. Después con el revuelo que se armo por el asesinato del rey de los licántropos se decidió no abrirla por el momento. Y los vampiros pusieron precio a mi cabeza -dijo el hombre como si estuviese contando una historia a un niño.
-¿El asesinato del rey de los licántropos? -preguntó incrédulo Garras.
-En efecto. A traición unos humanos confundidos lo mataron por la espalda. Desde entones nuestras fuerzas no han echo apenas incursiones contra los vampiros. Por eso el tal Mortokus va de aquí allá a sus anchas matando a quien se le viene en gana.
La mirada de Garras se perdió en las llamas y por unos momentos se quedo tan pensativo que en su mente se reproducio el momento en que Mortokus entro a su casa y mató a toda su familia.
-Ya e esperado demasiado, quiero enfrentarme a Mortokus...
-No tan rápido jovencito -cortó el Liberador con brusquedad-. Aún no, pero pronto.
-¡Ahora! -rugió Garras y se iba a transformar pero el Liberador se lo impidió golpeándolo con fuerza lanzándolo contra la pared.
-Aún no estas preparado, tienes que hacerte a ese poder -dijo el Liberador sacudiendo la cabeza mientras se apoyaba contra la pared.
-Tengo muchas ganas, lo odio con todas mis fuerzas -dijo Garras apretando los dientes y acariciándose la frente.
-El odio lo debes dejar de lado, o al menos usarlo para incrementar tu fuerza. Es algo que cuesta aprender pero que suele dar muy buen resultado. Hazme caso.
Garras suspiró resignándose.
-¿Cómo puedo hacerlo? -preguntó Garras alzando la vista para mirarlo.
-Cuando inunde tu corazón ese sentimiento, simplemente suspira y deja salir con la fuerza de tu corazón y con la de tus pulmones esa fuerza nociva.
-¿Podré conseguirlo?
-No será fácil, pero es más poderosa la fuerza de un corazón que la fuerza del odio.
Garras asintió y suspiró, volvió a suspirar y asíal sucesivamente hasta que se quedo tan somnoliento y finalmente quedo profundamente dormido. El Liberador se acerco hasta él y lo arropo con una manta y se sentó frente a él para observarlo.

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Última edición por Garras el Miér Feb 16, 2011 10:12 pm, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: La forja de un guerrero   Lun Mayo 31, 2010 1:59 pm

muy buena, garras no me dejes con la intriga, debes hacer ya la tercera parte daleeeeeeee jajaja XD):

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MensajeTema: Re: La forja de un guerrero   Sáb Jun 26, 2010 12:39 am

Muerte y levantamiento, Parte 3

Los días siguieron su curso, y su nuevo maestro sorprendía cada vez más a Garras con sus poderes y su sorprendente control. Pronto logro adquirir cierta similitud con sus poderes y pudo cambiar de forma a placer a su forma licana e incluso convirtiéndose en un simple lobo. Pudo controlar su fuerza incluso en su forma humana siempre y cuando no estuviese lleno de ira y aprendió pronto a cazar sin más ayuda que con sus garras y dientes ya sea en su forma licana o en la forma de un lobo.
Un día llego a la cueva y el profundo y sórdido bosque en la que estaba oculta la cueva se quedo en completo silencio ante la llegada del desconocido. Garras se quedo cerca observando al recién llegado que hablaba en susurros a su maestro.
-Mortokus esta arrasando aldeas enteras en tu busca y los demás que estén lo suficientemente divididos como para no hacerle frente. Deja una estela de muerte y cenizas a su paso por estas tierras. Pronto llegaraa este bosque -dijo con serenidad el recién llegado.
-¿Y nuestras fuerzas no les detienen en su horrenda contienda? -pregunto el Liberador.
-Están demasiado divididas y no atienden a coordinarse. Se atrincheran en los campamentos amurallados y no abren las puertas a nadie. Si asaltan el campamento principal, me temo que apenas encontraran resistencia.
-Iré allí y les intentare entrar en razón -dijo el Liberador alzando la vista-. Si Mortokus les vence..., no solo será la perdición de los nuestros, será el ocaso de la libertad de vivir en paz no solo nuestra, si no de todo ser que viva en este mundo.
-Tienes razón -dijo el hombre suspirando.
-Quiero ir -dijo Garras en voz alta.
El Liberador levantó una ceja observándolo. Debían de rondarle muchas ideas por su mente pero parecía que no iba a aceptar que lo acompañase.
-No, es demasiado peligroso. Te quedaras aquí a esperarme. No te encontrara Mortokus mientras aún sigan el pie campamentos de los nuestros.
Y así lo hizo, a pesar de la resistencia que opuso Garras a quedarse en el lugar. Al día siguiente partió hacia el norte junto al hombre y dejo solo a Garras que se entretuvo meditando e intentando relajarse intentando lograr un aún mayor control de sus recientes adquiridas habilidades.
Y un día, el bosque se volvió a quedar en silencio, alguien se acercaba a la cueva. Garras se puso alerta y se escondió tras una roca tras la cual asomándose un poco podía ver la entrada al lugar.
-¡Garras! -dijo una voz llena de cansancio, pero no era la de el Liberador.
-¡Quién es! -grito Garras alerta.
-¡Soy el que vino a hablar el otro día con el Liberador! -contesto con fuerza el recién llegado.
Se asomo mejor y vio con claridad al hombre que días antes había llegado a hablar con el Liberador. Tenia una expresión sombría, como si tuviese que darle una mala noticia, y Garras se temió lo peor.
-¿Y el Liberador? -pregunto Garras poniéndose en pie y agarrandose a la roca.
El hombre agacho la cabeza y sacudió la cabeza. Tenia una cicatriz que sorprendentemente cicatrizaba ya en su rostro que no dejaba lugar a dudas que había tenido un duro enfrentamiento con alguien o algo.
-¿Quién fue? ¿Qué ocurrió?
-El Liberador llego al campamento y después de que lo asaltasen a traición, lo asesinaron. Se le echaron encima el propio Mortokus con al menos una docena de chupasangres y como no se lo esperaba apenas pudo hacer nada. Se metieron a hurtadillas y los pillaron por sorpresa. Algunos se salvaron, pero bastantes perecieron, no supieron como reaccionar hasta que fue demasiado tarde. Deben estar dispersos en este mismo bosque -dijo el hombre con la mirada perdida.
Garras también puso la mirada perdida y por unos momentos dudo en que aria ahora que había perdido a su maestro y estaba solo. El hombre pareció comprender su lucha interior.
-No queda nada que se pueda hacer. Todo esta perdido.
No podía aceptar las palabras de aquel hombre. ¿Acaso había perdido todo aquel tiempo? ¿No podría intentar cumplir su venganza como había dicho el Liberador? ¿Mortokus también lo mataría sin estar completamente preparado para enfrentarse a él?
Las dudas le corroían, y aquel hombre no le ayudaba lo más mínimo. Alzo la vista hacia el techo de la caverna pensativo y se armo de todo el valor que pudo encontrar.
-¿Y si reuniésemos todos los licántropos posibles y atacásemos a Mortokus y los suyos? -pregunto Garras entusiasmado.
El hombre alzo la vista asombrado para después poner una expresión seria en su semblante. Parpadeo y trago saliva.
-Muchos están reunidos en un campamento provisional cerca de aquí, no sé que planes tienen, pero dudo que se atrevan a atacar a Mortokus y menos después de lo ocurrido -dijo con aspereza.
-Pero por intentarlo no perdemos nada, ¿verdad?
-Puedes perder mucho más de lo que imaginas muchacho -dijo el otro mirándolo con fijeza.
-Más de lo que ya e perdido no lo creo -dijo Garras con la mirada perdida en la pared de la cueva.
El desconocido se resigno y salio de la tienda después de hacerle una seña para que lo siguiese. Sin cruzar palabra se transformo en un lobo, en un fuerte lobo marrón con manchas grises, y salio con una rapidez sorprendente en dirección al norte. Garras lo siguió transformándose el también en un lobo, y pronto alcanzo al desconocido.
-¡Espera! -dijo en el idioma de los lobos Garras, se sorprendió a sí mismo al hablarlo ya que con el Liberador jamás había hablado en esa forma, siempre habían estado en silencio total cazando-. ¿No se dirigirá hacia aquí ya Mortokus?
El idioma de los lobos se caracterizaba por su fuerza y nobleza, y que solo los convertidos en licántropo podían comprender.
-¡Seguramente este disfrutando de la victoria en la guarida de los chupasangres, él nunca lucha si no lo requiere la situación! -dijo el desconocido mientras esquivaba árboles que se encontraba en su camino.
El silencio los volvió a envolver y después de varios kilómetros el desconocido se detuvo sin aviso previo en un lugar donde la maleza y árboles comenzaban a ser más espesas y apenas dejaban lugar para pasar.
-Es aquí -dijo el desconocido mientras adquiría su forma humana con rapidez.
A Garras le costo algo más, ya que no estaba acostumbrado a estar tanto tiempo en la forma de lobo pero finalmente adquirió la forma humana habitual a la que estaba acostumbrado desde su infancia.
-¿Qué les dirás? -pregunto Garras nervioso.
-¿Yo? -dijo el desconocido mientras caminaba-. Fue idea tuya, tú les debes hablar.
Garras se frotó las manos con nerviosismo, le sudaban, y un nudo le amortiguo la respiración en su estomago. Respiro hondo mientras se acercaba y veía el brillo de una hoguera que brillaba en la oscuridad que proporcionaban los árboles. Una multitud de hombres de aspecto fuerte y feroz, pero desanimados, estaban alrededor de las hogueras sentados en rocas.
-¿Qué queréis? -dijo de malas maneras y groseramente uno de ellos.
Garras lo miro fijamente, sorprendentemente había desaparecido el nerviosismo.
-¿Dónde a quedado el compañerismo por el cual somos famosos? -dijo Garras frunciendo el ceño.
-Tú no eres de los nuestros -dijo otro de ellos.
-Sí lo es -dijo el desconocido que había acompañado a Garras hasta allí-. Es al que el Liberador estaba entrenando.
Los susurros se extendieron por el campamento improvisado y varios se acercaron para verlo mejor.
-¿Qué quieres muchacho? -dijo el primero que había hablado ahora más relajado.
-Seré directo; no andaré con rodeos. Quiero que os levantéis contra los chupasangres y los expulséis de estas tierras de una vez por todas. No merecen más que una derrota vergonzosa. Una guerra siempre es una guerra, pero los métodos que están usando...
-Chico no sabes lo que dices. Los chupasangres han tomado los campamentos principales que teníamos y la mayoría de los nuestros han caído.
-¿Simplemente por eso os daréis por vencidos? ¡Por dios somos licántropos! -dijo Garras con una fuerza que no supo de donde provenía.
-¡Es verdad, debemos luchar hasta las ultimas consecuencias! -dijo otro de ellos adelantándose al resto.
-¡Vamos a por ellos! -grito otro de ellos.
-¡Pero antes debemos buscar un nombre con el que inspirar el mismo miedo que ellos quieren inspirar! -grito el primero que había hablado.
Todos comenzaron a nombrar nombres posibles para el nuevo ejercito que iba a resurgir de entre las cenizas de las fuerzas licantropas, hasta que una voz se alzo sobre el resto.
-¡Lobeznos Desgarradores! -grito el que había hablado el segundo.
-Sí, puede ser, me gusta, ¿a vosotros? -dijo el primer hombre que había hablado.
Muchas voces se alzaron en apoyo del nombre, y así surgió el ejercito de los Lobeznos Desgarradores. Fieros, despiadados y letales. El arrojo con la que avanzaron en formación los licántropos aria temblar a cualquier vampiro.


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MensajeTema: Re: La forja de un guerrero   Vie Ene 14, 2011 9:27 am

hostigación al enemigo, sensacion desconocida para Mortokus. Parte 4

Esperaban, al acecho, vigilantes, preparados, tras la maleza. Esperaban que se acercasen mas un grupo de vampiros que en su forma humana golpeaban las espaldas de humanos con látigos para que empujasen un carro lleno de maderos para hacer fuego seguramente. Transitaban un camino muy concurrido en otro tiempo, que en los últimos días había sido abandonado por todos los humanos que habitaban los alrededores por miedo a aquellos seres que les chupaban la sangre hasta la ultima gota.
Se abalanzaron sobre ellos, como una masa compacta, feroces, despiadados como habían aprendido a ser sabiendo que los vampiros no tendrían piedad de ellos. La sangre ardía en el interior de los licántropos, con la adrenalina por las nubes sabiendo que la lucha estaba a escasos pasos.
Sin darles tiempo a reaccionar, y mucho menos a convertirse, los lanzaron por los aires y con una velocidad aún mayor se abalanzaron sobre ellos convertidos en lobos, despedazandolos con sus dientes, destrozando hasta su alma.
-Un sabroso festín -dijo un licántropo después de dejar los restos de aquel monstruo mientras aún se convertía en humano y caminaba hacia Garras.
-Tendremos mas festines así, por eso no te preocupes -dijo Garras sonriente.
Y en efecto, tuvieron algunos meses de victorias parecidas. Se abalanzaban sobre los escasos vampiros que se atrevían a entrar en aquel bosque, como una sombra de muerte y desolación. Poco a poco, el líder de los vampiros y sus secuaces más cercanos empezaron a enfurecerse y de manera cruenta castigaron a los humanos que habitaban aquellas tierras.
Hasta que un día, el propio Garras fue de emisario a ver al mismo Mortokus para acabar de una vez por todas con aquello. Llevaba una capucha, evitando ser reconocido en todo momento por su mas mortal enemigo.
Se presento ante las puertas del campamento vampiro, el mismo que había albergado a las fuerzas de los licántropos antes de que Garras se uniese a ellos.
-Quiero hablar con Mortokus -dijo Garras con tranquilidad ante las puertas del campamento.
Un par de vampiros salieron, en su forma humana, y se pusieron a olisquearlo y a dar vueltas alrededor de él.
-Quién eres, aparte del señor estúpido -dijo uno de ellos riéndose.
-Guardate tu lengua bífida vampiro; quiero hablar con tu señor.
Se iban a lanzar contra él, pero alguien, con una velocidad increíble, los detuvo agarrándoles por el cuello a los dos a la vez a cada uno con una mano.
-¿No habéis escuchado? Quiere hablar conmigo.
Garras observo a su enemigo, y tuvo que contenerse para no lanzarse contra él en ese mismo momento recordando lo que hizo a su familia, pero también se contuvo para no mostrar temor ante aquel asesino repulsivo.
-Quién eres, no tengo todo el día.
-Garras, de los Lobeznos Desgarradores -dijo Garras con serenidad.
-¡Ah! Ya veo -dijo aquel vampiro despreciable con ironía-. Intuía que eras una de esas bestias insignificantes que no saben con quien se meten. Eres muy valiente muchacho, o muy estúpido.
-Guardaos vuestros insultos para alguien al que le afecten -dijo Garras sorprendiéndose de lo sereno que estaba-. Una batalla, los tuyos contra mis compañeros. Una batalla con honor.
Mortokus observo a Garras, y después una sonora carcajada surgió de su boca. Después lo observó enseñando sus colmillos, y con una velocidad asombrosa agarro a Garras por el cuello alzándolo del suelo. Le costo respirar, pero no se intento deshacer de la mortífera mano del vampiro.
-No sois lo suficientemente poderosos como enfrentaros a nosotros. No quedáis muchos, y queréis enfrentaros a mi ejercito con...
-Con las ganas de recuperar los hogares que nos habéis arrebatado. De vengar a los caídos, y sobretodo de acabar con toda esta guerra repulsiva que estáis llevando a cabo -dijo Garras con dificultad.
Mortokus observo con serenidad al joven licántropo, para después soltarlo. Frunció el ceño de manera que no podía creer lo que escuchaba. Camino entre sus dos esbirros que aún se frotaban el cuello con dolor, golpeando el aire con su capa.
-Tendrás tu guerra -dijo el vampiro, que estaba notablemente sorprendido-. Ahora largate bestia asquerosa, o haré que conozcas el verdadero dolor.
Garras se iba a dar la vuelta para irse, pero se lo pensó mejor. Se quitó la capucha y se planto ante Mortokus. Él, lo observó con los ojos abiertos.
-No hay mayor dolor del que ya me has infringido -dijo Garras con frialdad.
-¿De qué te conozco? -preguntó el vampiro con la voz por primera vez temblorosa.
-Antes de que acabe esta guerra, cuando tu sangre sin vida sea derramada, sabrás de qué me conoces.
Acto seguido, Garras le dio la espalda y con una velocidad increíble adquirió la forma de un lobo y desapareció entre los arboles, dejando a Mortokus notablemente sorprendido. Más que nada por el hecho de que era la primera vez que su voz temblaba, y no le gustaba nada aquel sentimiento que comenzaba a conocer y que recorría su frío cuerpo.

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Última edición por Garras el Sáb Jun 25, 2011 3:56 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: La forja de un guerrero   Dom Mar 27, 2011 3:09 pm

buenísimaaaaaaaaa jajajajaja, te felisito Garras

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